Los hechos de corrupción relacionados con el PUSC han sido quizás los más sonados, pero el descaro e impunidad en el caso del PLN, particularmente el actual gobierno (tomado del Fusil de Chispas), es aun más preocupante, máxime cuando las encuestas indican que son estos quienes tienen las mayores probabilidades de ganar la contienda electoral.
Y no es que realmente me desagraden los candidatos. Laura Chinchilla puede ser firme y honesta, como reza su slogan, pero siempre y cuando no choque con los intereses de sus “patronos”, pues su silencio y evasivas ante los cuestionamientos relacionados con el gobierno de los Arias demuestran que es mayor su lealtad hacia los mismos que la dupla de valores que esgrime en campaña. Y su plan de gobierno también tiene puntos muy rescatables, pero en la práctica el otrora partido social demócrata ha demostrado ser inconsecuente con su ideología. Lo mismo sucede con Luis Fishman, quien parece haber adoptado, infructuosamente, la pose populista que le funcionó a Abel Pacheco hace 8 años: el problema radica también en el verdadero poder detrás del trono. Tanto así que su programa de gobierno fue hecho a la medida para un eventual mandato de Calderón, mencionado incluso su apellido en algunas partes del documento.
Así, y a sabiendas que es imposible solucionar todo en un periodo, mi voto el domingo 7 de febrero indiscutiblemente será para alguien que interrumpa la cadena cleptocrática bipartidista, y que tenga la actitud y capacidad para aplicar un riguroso tratamiento aséptico al sistema.


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